La incursión sorpresiva de fuerzas ucranianas sobre Kursk, el 6 de agosto de 2024, marcó un hito en la guerra, al ser la primera irrupción militar de Ucrania en el territorio del país invasor. En cuatro semanas, las fuerzas ucranianas lograron conquistar más de 1.290 kms2, ocupando temporalmente hasta 100 asentamientos en dicha área. En lo táctico – durante dichas semanas iniciales – esta acción constituyó un verdadero ejemplo de la guerra de maniobras y del empleo de medios organizados en grupos de batalla de brigadas. Sin embargo, no lograron un control total del territorio, dada la magnitud de fuerzas empleadas para defender lo conquistado posteriormente. La estrategia de Kiev en Kursk pretendía obligar a Moscú a desviar fuerzas y armamento desde el frente del Donbás, donde avanzaban exitosamente (France 24, 2025).
Además del simbolismo de Kursk, la ofensiva desplazó a miles de ciudadanos rusos de la zona. A pesar de la presión, el Kremlin no empleó la estrategia esperada por Ucrania, de derivar fuerzas desde el frente Este. No obstante, esta incursión tuvo un efecto moral positivo en la población y fuerzas ucranianas, siendo utilizada como un refuerzo en la narrativa de Kiev, dado el acierto que logrado – aunque en un frente secundario y, por ende, bajo el control de fuerzas de cobertura estratégica.
La respuesta rusa no se dejó esperar. Luego de concentrar a sus fuerzas, emprendió una contraofensiva en la región de Kursk, neutralizando la ofensiva ucraniana y recuperando los territorios perdidos lentamente. Al quedar claro que Ucrania no podría capturar objetivos de importancia estratégica en Kursk, como su central nuclear, la ocupación de territorios rusos perdió importancia. Desde un punto de vista estratégico, la decisión ucraniana de invadir Kursk fue un error ya que aumentó la línea de contacto justo en el momento que las fuerzas ucranianas sufrían falta de personal y equipamiento (Marketscreener, 2025).
Los 1.376 kms2 conquistados inicialmente se redujeron paulatinamente y, en la actualidad, las fuerzas ucranianas controlan menos de 100 kms2, encontrándose ya colapsado el dispositivo defensivo remanente de las fuerzas de Kiev.

Figura N°2 Mapa de terrenos controlados en Kursk, al 02 de abril de 2025. Fuente: (ISW, 2025).
Operación “Gasoducto”
Paralelamente a múltiples esfuerzos negociadores por la paz en Ucrania, los enfrentamientos han continuado en el campo de batalla, intensificándose y acelerándose, incluso, en algunas zonas; como si se intentara asestar los golpes finales previo a cesar el fuego. De tal forma, la ofensiva rusa en Kursk adoptó características diferentes para los rusos, buscando ejecutar una “operación relámpago”, de máximo secreto y con un ataque sorpresivo para obtener resultados gravitantes.
Fuerzas rusas, compuestas por unos 800 soldados, asestaron un golpe letal a los ocupantes de Kursk. Luego de infiltrarse 15 kilómetros a través de una tubería de 1,4 metros de diámetro, del gasoducto Urengói-Pomari-Uzhgorod[1], alcanzaron la retaguardia de las fuerzas ucranianas en cosa de un par de días.
En esta operación participaron efectivos de la brigada “Vostok”, la brigada “Veteranos”, el 30vo Regimiento de Fusiles Motorizados, la 11va Brigada de Fuerzas Aerotransportadas y el Grupo Aíd de las Fuerzas Especiales “Ajmat” (Elpaís, 2025).
Los atacantes lograron “asomarse” por la zona de Sudzha, rodeando a los ucranianos que habían instalado allí su base de operaciones. La mayoría de los ocupantes se rindió o escaparon en retirada, mientras los rusos continuaron eliminando los últimos focos de resistencia ucraniana en dicha ciudad. Esta operación permitió a Moscú recuperar, en los primeros días, hasta 200 km2 en Kursk.
Si bien el Kremlin no se ha referido a los detalles de esta operación, en que también perecieron varios soldados bajo tierra por envenenamiento y otros problemas de orden logístico – afines a aquellos que presenta una “guerra de túneles” – Rusia la asume y la califica como una maniobra que pasará a los manuales de historia militar por la valentía de los soldados que lograron romper las defensas ucranianas en el territorio del que se habían apropiado. (20minutos, 2025).
La última etapa de esta operación fue ejecutada desde principios de marzo 2025, conociéndose sus resultados sobre el terreno a partir del día 12 del mismo mes, en que después de permanecer varios días esperando, las unidades implicadas comenzaron a emerger a la superficie sobre el asentamiento de Kubatkin, al norte de la ciudad de Sudzha, localidad que fue inmediatamente liberada.
Pese al éxito que supone, esta operación de recuperación de territorio fue de “alto riesgo” porque implicó enviar a los soldados directamente sobre el corazón del territorio ocupado por los enemigos, donde es obvio, sus defensas eran mayores.
[1] Antes de la guerra se utilizaba para el suministro de gas ruso a Europa.

Figura N°3 Operación rusa “Gasoducto”. Ataque por la retaguardia de las fuerzas ucranianas, utilizando un gasoducto como vía de acceso. Fuente: (20minutos, 2025).
Los soldados rusos debieron enfrentar en la tubería la falta de equipo especializado y muchos de ellos, protegidos tan solo por antiguas máscaras antigás, murieron en el trayecto por los efectos del gas metano remanente.
Se estima que esta operación permitió a Putin, tomar la decisión de partir el día15 de marzo hacia Kursk, en una visita en la que, vistiendo traje de combate, pidió a los soldados rusos “terminar su trabajo” y liberar completamente la región. Fue acompañado por el Jefe del Estado Mayor del Ejército ruso Valery Gerasimov.
La ofensiva rusa se produjo en un momento clave del conflicto, después de la propuesta de un alto el fuego de 30 días impulsada por Estados Unidos y provocó en Ucrania la destitución, supuestamente por la situación en el frente, del Mayor General Dmytro Krasylnykov, comandante del Comando Operativo Norte, a cargo de la supervisión de la región de Kursk.

Figura N°4 El Presidente de Rusia Vladimir Putin y el Jefe del Estado Mayor ruso Valery Gerasimov en visita al Cuartel General en la región de Kursk. Fuente: (BBC, 2025).
Putin señaló celebró los avances de su ejército y señaló que los ucranianos que sean capturados serán tratados como “terroristas”. Ello deja en claro que en esta fase de la guerra y más allá de las negociaciones en curso, la recuperación de Kursk es un objetivo prioritario. El 13 de marzo pasado, el Ministerio de Defensa de Rusia señaló que sus fuerzas ya habían retomado el control de la ciudad rusa de Sudzha (ABC, 2025). Las autoridades rusas señalan que las últimas tropas ucranianas se estarían retirando, lo que supone una gran victoria militar para el Ejército ruso en la zona.
La versión de Ucrania
Si bien, los medios de comunicación ucranianos no niegan la ejecución de esta operación, han presentado una visión diferente sobre lo ocurrido. Señalan que no se trató de más de 100 soldados que prontamente fueron descubiertos y repelidos por la artillería ucraniana. Con esto, queda en evidencia que ambas partes en conflicto han continuado con el desarrollo de narrativas diametralmente opuestas, de manera que, en el presente, aún es muy difícil saber lo que realmente sucedió (France 24, 2025).
Conclusiones
Rusia presenta una frontera terrestre de 1974 kms de extensión con Ucrania, por lo tanto, en aquellas extensiones que no constituyen el frente principal de la guerra, mantenían un sistema de cobertura estratégica con fuerzas que presentaban un nivel de alistamiento operacional inferior a las que combaten y en frente sobre extendido. Esta situación generó las condiciones para que Ucrania ejecutara una exitosa incursión inicial en agosto de 2024.
La acción ejecutada por Ucrania en Kursk no logró sus objetivos iniciales ni de largo plazo, relacionados con generar la derivación de fuerzas del frente Este en el Donbás y de controlar un espacio terrestre de compensación para las “futuras negociaciones”, respectivamente.
Frente a la posibilidad de un cese al fuego, derivada de los esfuerzos internacionales de negociación, se aprecia que Rusia ha decidido acelerar algunos resultados militares, mediante el empleo de acciones sorpresivas, como fue el caso de la operación “Gasoducto”, en un campo de batalla cada vez más sensorizado y que ha adquirido características de “transparencia”. Esta operación utilizó tácticas, técnicas y procedimientos del combate en túneles, y se asumió un alto riesgo, derivado de las condiciones propias de una vía cerrada que se empleaba para transportar gas.
Se estima que, por sus alcances, la guerra de túneles debe considerarse como una cuestión táctica, operativa e incluso estratégica. Ello porque lo ocurrido en Kursk muestra que la presencia de estas estructuras (túneles y ductos) en un campo de batalla, puede afectar todos los aspectos de una misión.
Si bien los túneles, en este caso bajo la forma de “un gasoducto” tienen gran impacto a nivel táctico, presentan ramificaciones operativas y estratégicas que es necesario desarrollar, lo que podrá ser abordado en futuros trabajos sobre “creación de capacidades” que permitan mejorar la preparación ante la amenaza subterránea.