Centro de Estudios de la Academia de Guerra

Cualquier alteración en estos corredores puede traducirse en alzas de los precios del petróleo, mayores costos de transporte y disrupciones en las cadenas de suministro. En consecuencia, estos espacios tienden a erigirse en instrumentos de poder en las rivalidades entre grandes potencias, como ocurre en la competencia estratégica entre Estados Unidos y China (Morocco World News, 2026).

La era en la que la seguridad marítima se sustentaba exclusivamente en el derecho internacional ha llegado a su fin. Tres expertos han analizado este cambio de paradigma en los puntos de estrangulamiento, que han pasado de regirse por normas jurídicas a depender de la disuasión: Edward Fishman, en su libro Chokepoints: How the Global Economy Became a Weapon of War (Fishman, 2025); Deborah Cowen, en The Deadly Life of Logistics (Cowen, 2014); y Evander Knoxley, en Nodes of Power: Corridors, Straits, and Geopolitics (Knoxley, 2025). Este último sostiene que hemos entrado en una fase en la que la logística se convierte en condición sine qua non de la soberanía, y en la que el poder ya no se ejerce principalmente mediante la conquista territorial o el dominio militar convencional, sino a través del control de nodos estratégicos —como estrechos, corredores e infraestructuras reguladoras— que ordenan el flujo de mercancías, energía, datos y capital (Morocco World News, 2026). Los otros dos expertos también describen un mundo en el que la soberanía y la geopolítica se ejercen mediante el control de los nodos y de los flujos logísticos, en lugar del dominio territorial o militar tradicional. No obstante, hay que matizar. El control de los nodos o flujos logísticos se vuelve cada vez más importante, pero ello no debe dejar de lado la esencia del dominio terrestre: boots on the ground, que resulta aún esencial para ejercer la soberanía.

La reciente crisis en el estrecho de Ormuz evidencia que los puntos de estrangulamiento han dejado de ser meras rutas geográficas para convertirse en herramientas de poder geoeconómico, empleadas por los Estados para proyectar su influencia sin recurrir a la confrontación directa (Morocco World News, 2026). Esto ya es una realidad, y lo del estrecho de Ormuz es solo un ejemplo entre varios, como el canal de Suez o el que aborda este artículo: el estrecho de Malaca. En conjunto, se observa una erosión de las normas tradicionales de libertad de navegación y un retorno a una lógica geopolítica clásica, en la que el control de los cuellos de botella marítimos rivaliza con el poder militar convencional. Esto impulsa cambios sistémicos como la diversificación de las cadenas de suministro, el rearme naval, la transición energética y una globalización más fragmentada, lo que, además, aumenta el riesgo de errores de cálculo en un entorno multipolar.

Breve reseña del estrecho de Malaca y su importancia para China

El estrecho de Malaca conecta el océano Índico con el mar de China Meridional y constituye una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, lo que es clave para el comercio entre India y China (Encyclopaedia Britannica, 2026). En su extremo sur, Singapur destaca como un centro logístico y portuario de alcance global, cuya economía depende directamente de la seguridad y del flujo continuo del tráfico en el estrecho (Observer Research Foundation, ORF, 2025).

Figura N°1 Los estrechos marítimos más importantes del mundo. Nota: UPSC (2026).

Cualquier alteración en estos corredores puede traducirse en alzas de los precios del petróleo, mayores costos de transporte y disrupciones en las cadenas de suministro. En consecuencia, estos espacios tienden a erigirse en instrumentos de poder en las rivalidades entre grandes potencias, como ocurre en la competencia estratégica entre Estados Unidos y China (Morocco World News, 2026).

La era en la que la seguridad marítima se sustentaba exclusivamente en el derecho internacional ha llegado a su fin. Tres expertos han analizado este cambio de paradigma en los puntos de estrangulamiento, que han pasado de regirse por normas jurídicas a depender de la disuasión: Edward Fishman, en su libro Chokepoints: How the Global Economy Became a Weapon of War (Fishman, 2025); Deborah Cowen, en The Deadly Life of Logistics (Cowen, 2014); y Evander Knoxley, en Nodes of Power: Corridors, Straits, and Geopolitics (Knoxley, 2025). Este último sostiene que hemos entrado en una fase en la que la logística se convierte en condición sine qua non de la soberanía, y en la que el poder ya no se ejerce principalmente mediante la conquista territorial o el dominio militar convencional, sino a través del control de nodos estratégicos —como estrechos, corredores e infraestructuras reguladoras— que ordenan el flujo de mercancías, energía, datos y capital (Morocco World News, 2026). Los otros dos expertos también describen un mundo en el que la soberanía y la geopolítica se ejercen mediante el control de los nodos y de los flujos logísticos, en lugar del dominio territorial o militar tradicional. Nosotros pensamos que hay que matizar. Es verdad que el control de los nodos o flujos logísticos se vuelve cada vez más importante, pero ello nunca dejará de lado que el dominio material territorial tradicional, boots on the ground, es finalmente esencial para ejercer la soberanía.

La reciente crisis en el estrecho de Ormuz evidencia que los puntos de estrangulamiento han dejado de ser meras rutas geográficas para convertirse en herramientas de poder geoeconómico, empleadas por los Estados para proyectar su influencia sin recurrir a la confrontación directa (Morocco World News, 2026). Esto ya es una realidad, y lo del estrecho de Ormuz es solo un ejemplo entre varios, como el canal de Suez o el que comentamos en este artículo: el estrecho de Malaca. En conjunto, se observa una erosión de las normas tradicionales de libertad de navegación y un retorno a una lógica geopolítica clásica, en la que el control de los cuellos de botella marítimos rivaliza con el poder militar convencional. Esto impulsa cambios sistémicos como la diversificación de las cadenas de suministro, el rearme naval, la transición energética y una globalización más fragmentada, lo que, además, aumenta el riesgo de errores de cálculo en un entorno multipolar.

Breve reseña del estrecho de Malaca y su importancia para China

El estrecho de Malaca conecta el océano Índico con el mar de China Meridional y constituye una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, lo que es clave para el comercio entre India y China (Encyclopaedia Britannica, 2026). En su extremo sur, Singapur destaca como un centro logístico y portuario de alcance global, cuya economía depende directamente de la seguridad y del flujo continuo del tráfico en el estrecho (Observer Research Foundation, ORF, 2025).

Figura N°2 Mapa del sudeste asiático destacando el estrecho de Malaca Nota:Política Exterior (2024).

Para China, el estrecho de Malaca constituye una vulnerabilidad estratégica central, debido a su elevada dependencia de esta vía para asegurar sus suministros energéticos y comerciales.

Desde la perspectiva de la seguridad energética, cerca del 80% del petróleo importado por China —junto con una proporción significativa de gas natural licuado— transita por esta vía. Como el mayor importador mundial de crudo, China depende críticamente de esta ruta para los suministros procedentes principalmente del Medio Oriente y de África. Una eventual interrupción tendría efectos inmediatos en su suministro energético, con consecuencias directas para su economía y su capacidad operativa militar (New Strait Times, 2026).

Figura N°3 Flujos de importación de petróleo crudo de China y el estrecho de Malaca (estimaciones para 2025) Nota:Information and Community for Expats in Indonesia (2026).

En términos comerciales, aproximadamente dos tercios del tráfico marítimo chino transitan por este estrecho, por el cual se transportan tanto materias primas como bienes manufacturados. A nivel global, concentra entre el 25 % y el 40 % del comercio marítimo, lo que subraya su carácter esencial para el modelo económico chino (Atlas Institute for International Affairs, 2025).

A ello se suma una marcada vulnerabilidad geográfica: en su punto más estrecho, el paso mide entre 2,7 y 3,8 kilómetros. En un escenario de conflicto —especialmente frente a Estados Unidos o sus aliados—, podría ser bloqueado con relativa facilidad, lo que afectaría las líneas de comunicación marítima chinas entre el océano Índico y el Pacífico (Berkeley Political Review, 2019).

Además, el estrecho de Malaca no solo constituye un eje vital para China, sino también para otras economías altamente dependientes del comercio marítimo y de las importaciones energéticas, como Japón y Corea del Sur. Su eventual disrupción tendría efectos sistémicos a escala regional e incluso global, lo que agravaría las vulnerabilidades energéticas, comerciales y logísticas. En consecuencia, este paso marítimo se consolida como un nodo crítico cuya estabilidad resulta indispensable para el equilibrio económico y estratégico del Indo-Pacífico.

El estrecho de Magallanes

En la Figura 1 se indica que el estrecho de Magallanes se encuentra entre los más relevantes a escala mundial. Chile ejerce plena soberanía sobre la totalidad de este paso marítimo y, ante eventuales disrupciones en el Canal de Panamá —ya sea por conflictos o por restricciones operativas derivadas de sequías—, su valor estratégico para la conexión entre los océanos Pacífico y Atlántico adquiere una importancia creciente.

Esta revalorización no se limita a las grandes potencias, sino que también alcanza a otros actores, como India. En este contexto, la propia Figura 1 —difundida a través de la cuenta de Instagram de la Comisión de Servicio Público de la Unión (UPSC, por sus siglas en inglés)[1]— identifica los ocho principales estrechos del mundo, incluido el de Magallanes (UPSC, 2026).

Últimos acontecimientos en la región del estrecho de Malaca

En la lucha por la hegemonía global, Estados Unidos ha intensificado su accionar en la región. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el 13 de abril una «Alianza de Cooperación en materia de Defensa de gran envergadura» (Major Defense Cooperation Partnership, MDCP por sus siglas en inglés) con Indonesia, destinada a reforzar los lazos militares bilaterales. El acuerdo contempla la modernización de capacidades, la formación y la educación militar, así como la ampliación de los ejercicios conjuntos y de la cooperación operativa, al tiempo que reafirma el compromiso compartido con la estabilidad en el Indo-Pacífico. Yakarta acogió favorablemente la iniciativa, aunque subrayó su intención de mantener una política exterior no alineada, así como la defensa de su soberanía y de sus intereses nacionales. La propuesta estadounidense relativa al acceso de aeronaves militares a su espacio aéreo sigue en evaluación (The Japan Times, 2026).

Si bien este acuerdo reviste relevancia estratégica para el Indo-Pacífico y podría aumentar la presión sobre China en las inmediaciones del estrecho de Malaca, Pekín recién emitió una respuesta el 17 de abril, cuatro días después del anuncio del 13 del mismo mes, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, se refirió al MDCP entre Estados Unidos e Indonesia durante una rueda de prensa habitual celebrada en Pekín, en la que instó a que la alianza evitara perjudicar los intereses de terceros o la estabilidad regional (Ministry of Foreign Affairs, People’s Republic of China, 2026). A la fecha de redacción de este Observatorio, no se ha observado en las declaraciones públicas ninguna reacción oficial más contundente ni más detallada. La respuesta de China ha sido mesurada y coherente con su enfoque habitual respecto a las relaciones de defensa del Sudeste Asiático con Estados Unidos: prudencia, en lugar de escalada.

A nuestro juicio, el acuerdo tiene una importancia estratégica significativa, a pesar de la reacción calculada de China. Pekín, a diferencia de Estados Unidos, no suele reaccionar de inmediato. Más bien, tiende a esperar el momento oportuno para ejecutar sus movimientos, probablemente de manera discreta.

Consecuencias

Todo indica que Estados Unidos está ampliando su ventaja estratégica relativa frente a China al focalizar su accionar en las vulnerabilidades críticas, en particular en la dependencia de China respecto de las rutas de suministro energético. Mientras Pekín ha utilizado su dominio del procesamiento de tierras raras como instrumento de negociación, Washington parece responder mediante una estrategia orientada a presionar a proveedores clave de petróleo —como Venezuela e Irán— y a reforzar su influencia en nodos estratégicos del transporte marítimo.

En este marco, cobra especial relevancia el MDCP entre Estados Unidos e Indonesia. Como se ha señalado, el papel de Indonesia resulta crucial debido a su proximidad al estrecho de Malaca, uno de los corredores marítimos más importantes del mundo, por el que transita una proporción significativa del comercio energético hacia Asia y cerca del 80 % del petróleo destinado a la región (El Debate, 2026). En consecuencia, un mayor alineamiento entre Washington y Yakarta podría incidir directamente en el acceso de China a recursos energéticos esenciales.

Este acuerdo puede interpretarse como parte de un esfuerzo más amplio de Estados Unidos para contener la proyección estratégica de China en el Indo-Pacífico, en línea con una política que prioriza la disuasión y el equilibrio de poder en la región (Real Instituto Elcano, 2026). En este sentido, el MDCP representa un nuevo elemento en una arquitectura geopolítica en expansión, orientada a limitar el margen de maniobra de Pekín.

Al mismo tiempo, la creciente asertividad de China en su entorno regional ha contribuido a que varios países del sudeste asiático refuercen sus vínculos con Estados Unidos, especialmente en el ámbito de la defensa. Esta dinámica refleja una lógica de competencia estratégica que tiende a profundizar la configuración de bloques y a incrementar las tensiones en el Indo-Pacífico (PJ Media, 2026).

Análisis estratégico-militar

El control del estrecho de Malaca resulta clave para la proyección de poder estratégico sin recurrir a enfrentamientos directos, dada la elevada dependencia de China de esta vía para su abastecimiento energético. Si bien Pekín ha intentado mitigar esta vulnerabilidad mediante el desarrollo de rutas alternativas y el fortalecimiento de su presencia en el mar de China Meridional, el riesgo estructural persiste.

En este contexto, el MDCP entre Estados Unidos e Indonesia refuerza la posición estratégica estadounidense en la región, al ampliar sus capacidades de vigilancia, monitoreo y eventual control sobre este corredor marítimo, lo que incrementa la presión sobre China.

Asimismo, se observa una transformación en la lógica de la seguridad marítima: los estrechos han dejado de ser meros espacios de tránsito para convertirse en instrumentos de poder geoeconómico y de disuasión estratégica. En este marco, Estados Unidos busca contrarrestar la influencia económica china mediante una estrategia orientada a ejercer presión indirecta sobre sus rutas críticas de suministro energético.

[1] Cabe destacar que la UPSC es el organismo central encargado de la selección de funcionarios del servicio civil en India, mediante la organización de exámenes competitivos anuales para acceder a distintos cargos gubernamentales.

Conclusión

Los estrechos marítimos se han consolidado como auténticas palancas de poder geoeconómico, en las que —al menos en una primera instancia— el control de los flujos logísticos y energéticos tiende a prevalecer sobre la confrontación militar directa. La crisis en el estrecho de Ormuz, la dependencia de China del estrecho de Malaca y la reciente cooperación en materia de defensa entre Estados Unidos e Indonesia evidencian un cambio de paradigma: la seguridad marítima ya no depende exclusivamente del derecho internacional, sino también de la capacidad efectiva de disuasión, control y vigilancia de los nodos estratégicos.

En este contexto de creciente competencia entre las grandes potencias, el estrecho de Magallanes adquiere una relevancia renovada. Bajo la plena soberanía de Chile, este paso natural se perfila como una alternativa estratégica frente a eventuales disrupciones en el Canal de Panamá —ya sea por sequías, conflictos o limitaciones operativas—. Su valor para la conexión entre los océanos Pacífico y Atlántico despierta el interés tanto de grandes potencias como de otros actores, como India, lo cual se refleja, como un simple ejemplo entre muchos, en su inclusión entre los principales estrechos del mundo en los materiales de preparación de la UPSC.

Para Chile, este escenario representa una oportunidad geopolítica significativa y, al mismo tiempo, un riesgo que deberá evaluar y monitorear para prevenir. El estrecho puede fortalecer su posicionamiento como actor relevante en las rutas marítimas globales, impulsando el desarrollo de infraestructura portuaria en la región de Magallanes, así como de la logística austral y antártica. No obstante, también plantea desafíos importantes: una mayor atención internacional podría traducirse en presiones diplomáticas, demandas de acceso o intentos de influencia por parte de potencias externas. En este sentido, Chile deberá resguardar su soberanía efectiva y capitalizar este renovado interés estratégico para potenciar su desarrollo. Todo ello en un escenario internacional en el que los estrechos inciden cada vez más en la configuración del equilibrio de poder global.

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