Centro de Estudios de la Academia de Guerra

¿qué significa el concepto “paz por medio de la fuerza”?

El 4 de diciembre de 2025, el presidente Donald Trump publicó la National Security Strategy of the United States (NSS, por sus siglas en inglés) de su segunda administración. El documento representa uno de los giros doctrinales más profundos de este país, al enmarcar su postura frente al mundo bajo el principio general de “Estados Unidos primero” (“America first”). En esta perspectiva, la NSS prioriza la defensa del interés nacional por encima de objetivos amplios de alcance global: “Concentrarse en todo es concentrarse en nada. Los intereses fundamentales de seguridad nacional de Estados Unidos serán nuestro foco” (Seal of the President of the United States, 2025).

El paradigma de “Estados Unidos primero” se traduce en otra noción rectora que aparece en la NSS: “Peace through strength”. La idea ha sido traducida al castellano en diversas publicaciones como “Paz por medio de la fuerza”, frase que encontraría confirmación en las operaciones militares llevadas a cabo por Estados Unidos desde la llegada del presidente Trump a la Casa Blanca. Sin embargo, esta máxima pierde parte de su esencia al pasar al idioma español, por cuanto strength no significa directamente lo que entendemos por “fuerza”. Para esta acepción, en inglés existe la palabra force. En cambio, strength se acerca mejor a la palabra castellana “fortaleza”, es decir, al vigor, la resistencia, la robustez. En suma, al poder nacional.

En el capítulo The Strategy de la NSS, se explica el concepto Peace through strength:

La fortaleza es el mejor elemento disuasorio. Los países u otros actores que se sientan suficientemente disuadidos de amenazar los intereses estadounidenses, no lo harán. Además, la fortaleza puede permitirnos alcanzar la paz, porque las partes que respetan nuestro vigor suelen buscar nuestra ayuda y son receptivas a nuestros esfuerzos por resolver conflictos y mantener la paz. Por lo tanto, Estados Unidos debe mantener la economía más fuerte, desarrollar las tecnologías más avanzadas, fortalecer la salud cultural de nuestra sociedad y contar con las fuerzas armadas más capaces del mundo” (Seal of the President of the United States, 2025).

A partir de esta definición se pueden realizar algunas interpretaciones. La Estrategia se basaría en el realismo político, y propone que cuando hay paz, no depende del multilateralismo, sino de los Estados Unidos. En otras palabras, el poderío estadounidense sería la forma idónea tanto de disuasión como del logro de la paz en el planeta, por medio de la colaboración que el propio país puede entregar a terceros en disputa. En esta línea, “Peace through strength” se relacionaría con un potencial disuasivo que es fruto de la supremacía. La frase, sin ir más lejos, corresponde al lema de la National Defense Strategy (NDS, por su sigla en inglés), publicada en enero de 2026: Restoring peace through strength for a new golden age of America (“Restablecer la paz mediante la fortaleza para una nueva edad de oro de Estados Unidos”).

De este modo, Peace through strength” sería una frase sinónima de “Disuasión mediante la fortaleza”, y en defensa, “Disuasión mediante el poder nacional”. El poder nacional, en el caso estadounidense, debe comprenderse como un liderazgo total: militar, económico, tecnológico, histórico, moral: “…que Estados Unidos siga siendo la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad, y el hogar de la libertad en la Tierra” (Seal of the President of the United States, 2025). Bajo esta lógica, la aspiración de recuperar la hegemonía global es, para Estados Unidos, la base material y simbólica de su estrategia de disuasión frente a competidores estratégicos.

Así, dicha aspiración puede disuadir a su mayor competidor: China. La NSS señala como uno de los principales esfuerzos de los Estados Unidos “disuadir a China en el Indo-Pacífico mediante la fortaleza, no la confrontación” (“deter China in the Indo-Pacific through strength, not confrontation”). Al respecto, el documento señala explícitamente que su objetivo no es “dominar a China, ni estrangularla ni humillarla”, sino incorporarla dentro del principio disuasorio de “Peace through strength”: “Nuestro objetivo es simple: impedir que nadie, incluida China, pueda dominarnos a nosotros o a nuestros aliados”.

Esta declaración plantea oficialmente una postura no confrontacional con China, que tiene que ver con la posición de Estados Unidos respecto del Indo-Pacífico en su conjunto. La NSS sitúa esta zona del mundo entre las prioridades de seguridad nacional: “La seguridad, la libertad y la prosperidad del pueblo estadounidense están, por lo tanto, directamente vinculadas a nuestra capacidad para comerciar y participar desde una posición de fortaleza en el Indo-Pacífico”. La Estrategia Nacional de Defensa, en tanto, complementa esta idea reconociendo que China “es el segundo país más poderoso del mundo, solo por detrás de Estados Unidos”, y manifestando preocupación por que la capacidad militar de Pekín sea capaz de “vetar el acceso de los estadounidenses al centro de gravedad económico mundial, con consecuencias duraderas para las perspectivas económicas de nuestra nación, incluida nuestra reindustrialización” (U.S. Department of War, 2026).

Entonces, si bien hace un reconocimiento a China en un segundo lugar en el podio, sabe que la potencia asiática es la dominadora prácticamente absoluta en la cadena de suministros críticos y “tierras raras”, tanto en extracción como en procesamiento de minerales clave para la digitalización, armamentos de vanguardia y el desarrollo de la inteligencia artificial, como ha sido analizado con profundidad por este Centro de Estudios (CEEAG, 2026). En esta línea debe leerse la iniciativa del presidente Trump en la reciente reunión del G7, donde ha solicitado la fijación de precios internacionales de minerales estratégicos, con el fin de contrarrestar la supremacía china (Diario Financiero, 2026).

Disuasión e intervención

La supremacía se complementa, en seguridad y defensa, con una noción clave: la intervención militar justificada. Si bien el principio de la no intervención está recogido en el artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, prohibiendo a los países miembros usar la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado, la NSS señala que, para Estados Unidos, no es posible la adhesión rígida a esta premisa, por ser un país cuyos intereses son numerosos y diversos. No obstante, la intervención debe estar justificada con un “estándar elevado”, idea similar al concepto de guerra justa o a la intervención humanitaria armada.

La intervención militar justificada produciría que la paz dependa de los Estados Unidos, menguando el rol de la ONU y otras organizaciones gubernamentales, como la OTAN o la Unión Europea, las cuales, empero, no son mencionadas en el texto. El presidente de los Estados Unidos es quien fija los términos de los acuerdos de paz: “Los recursos necesarios [para la paz] se reducen a la diplomacia presidencial”. Aún más, mientras las treguas o tratados se construyan “bajo la dirección del Presidente”, dice el texto, “es una forma eficaz de aumentar la estabilidad, fortalecer la influencia global de Estados Unidos, reorientar países y regiones hacia nuestros intereses y abrir nuevos mercados”.

En el continente americano, la intervención militar justificada emana mediante el “Corolario Trump”, una actualización de la idea general de los Estados Unidos respecto del continente, expresado en la Doctrina Monroe (1823). Históricamente, esta doctrina establece la acción militar de Estados Unidos frente a cualquier intervención de estados europeos o extranjeros en América. A esta pauta, la NSS incorpora la prerrogativa de actuar militarmente en América no solo frente a agresiones militares tradicionales de terceros, sino también ante otras amenazas a los intereses de seguridad nacional estadounidense, como la migración ilegal y los cárteles del crimen organizado, entre otras.

Así, se han llevado a cabo operaciones militares como “Lanza del Sur” en el Mar Caribe; “Resolución Absoluta” en Caracas, que concluyó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro; y la muerte del líder y fundador de la organización criminal trasnacional “Tren de Aragua”, Héctor Guerrero, en una operación combinada y conjunta con las fuerzas de seguridad venezolanas efectuada el pasado 13 de junio  (BBC.com, 2026).

El “Corolario Trump” es también una base doctrinaria para aumentar la influencia estadounidense en el continente americano. El NSS indica, para la región: “Aun cuando prioricemos la diplomacia comercial, trabajaremos para fortalecer nuestras alianzas en materia de seguridad, desde la venta de armas hasta el intercambio de inteligencia y los ejercicios conjuntos”. De esta forma, Estados Unidos ha reimpulsado su presencia militar en el hemisferio occidental. En ello, el NSS destaca cuatro puntos: 1) “Un reajuste de nuestra presencia militar global para abordar las amenazas urgentes en nuestro hemisferio…”, 2) “Una presencia más adecuada de la Guardia Costera y la Armada para controlar las rutas marítimas”…, 3) “Despliegues selectivos para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles, incluyendo, cuando sea necesario, el uso de la fuerza letal para reemplazar la fallida estrategia de aplicación de la ley de las últimas décadas”; y 4) “Establecer o ampliar el acceso en lugares de importancia estratégica”. De estos tres puntos ya hemos visto la concreción de los primeros tres, en los cuales se ha observado una gran actividad por parte del gobierno del presidente Trump.

No obstante, el NSS también menciona la relevancia del vínculo con el hemisferio occidental para aplacar otras amenazas para su país, como es precisamente el riesgo de suministro de minerales críticos. En este ámbito, Estados Unidos ha convocado a la Primera Reunión Ministerial de Minerales Críticos, con representantes de 54 países con reservas de minerales, incluyendo una serie de países del Cono Sur. La Casa Blanca está consciente de la importancia de los yacimientos latinoamericanos de materiales estratégicos como litio, cobre, renio, hierro, petróleo y estaño, donde Chile aparece en un lugar protagónico (CEEAG, 2026).

Conclusión

Los principios de “Estados Unidos primero” y “Disuasión mediante la fortaleza” configuran, en resumen, una posición particular frente al mundo y un contraste con la visión de política exterior puesta en práctica durante las últimas décadas.

Peace through strength” abre inmensas posibilidades de acción a los Estados Unidos en el mundo, y especialmente en el continente americano. Esta potencia mundial no solo puede emplear la fuerza —esta vez sí entendida como force— en una agresión tradicional interestatal, sino también en un amplio abanico de amenazas a su seguridad nacional. Sin embargo, comprendido como “Disuasión mediante la fortaleza”, también es una posición que presenta límites ante el rápido avance de China y su hegemonía en materiales críticos.

En América Latina, no se debe perder de vista que el “corolario Trump” habilita a Estados Unidos a una serie de acciones militares, junto con establecer o expandir accesos a “lugares de importancia estratégica” en el hemisferio occidental, en los que Chile sobresale en conectividad marítima bioceánica y cercanía al Polo Sur. Asimismo, operaciones militares como la que concluyó con la muerte de Héctor Guerrero en Venezuela podrían reiterarse en el futuro a lo largo del continente.

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