Una declaración del almirante estadounidense Philip Davidson, en 2021, sobre una amenaza china contra Taiwán que se concretaría en 2027[1], impulsó una percepción de urgencia en Estados Unidos, la cual llevó a un aumento significativo en el gasto militar y en la preparación para un posible conflicto con China. Aunque este país no ha establecido oficialmente un plazo para una supuesta invasión, en estos años ha intensificado la demostración de acciones militares, como el despliegue de fuerzas alrededor de Taiwán y las exhibiciones de armamento, lo que refuerza la percepción de una amenaza inminente. La narrativa del plazo de 2027 ha sido adoptada por políticos y militares, influyendo en las políticas de defensa y en la percepción regional, aunque China sostiene que su objetivo principal es la resolución pacífica, sin descartar el uso de la fuerza. La tensión se ha visto alimentada por declaraciones, ejercicios militares y el aumento del gasto en defensa, lo que crea un clima de inseguridad que podría incrementar la probabilidad de conflicto, independientemente de que la fecha predicha sea literal o simbólica (The Wall Street Journal, 2026).
La guerra en el Medio Oriente, según algunos analistas, ha desplazado recursos militares estadounidenses del Indo-Pacífico a esa región, lo que ha debilitado la capacidad de disuasión de Estados Unidos frente a China en Asia del Este. La concentración naval y aérea en el Medio Oriente ha reducido la vigilancia en el estrecho de Taiwán, agotado las municiones de alta precisión y puesto en riesgo la capacidad de defensa en el Indo-Pacífico. La escasez de interceptores y la falta de reabastecimiento en el mar aumentan la exposición de Estados Unidos y sus aliados. Diversos centros de estudios estadounidenses (Heritage Foundation, 2026) e informes destacan algunas de estas vulnerabilidades (Center for Strategic & International Studies, CSIS, 2026).
Aunque el párrafo anterior refleja una preocupación ampliamente debatida —sobre todo entre analistas, algunos funcionarios estadounidenses y aliados asiáticos—, no es la única opinión. Los mandos militares de Estados Unidos y algunos sectores del Pentágono hacen hincapié en la resiliencia y en que la región sigue siendo una prioridad (Medill, Northwestern University, 2026).
[1] El año 2027 marcará el centenario del brazo militar del Partido Comunista de China (PCCh), hoy conocido como el Ejército Popular de Liberación (EPL).
¿Aprovechará China ahora para atacar a Taiwán?
Panorama actual de la crisis en el estrecho de Taiwán
En estos meses se han continuado las tensiones de larga data en el estrecho de Taiwán, sin que se haya producido ninguna crisis grave ni una invasión, sino más bien un patrón de retórica cada vez más dura, posturas militares y señales políticas de Pekín hacia Taipéi. China[1] considera a Taiwán[2] una provincia separatista que, en última instancia, debe reunificarse, mientras que Taiwán mantiene su independencia de facto y rechaza las reivindicaciones de la RPC.
En cuanto a la retórica, esta se ha vuelto más firme en la política oficial de China. Durante las «Dos Sesiones»[3] anuales, celebradas a principios de marzo de 2026, el informe de trabajo del Gobierno adoptó un lenguaje notablemente más duro que en el pasado respecto de Taiwán. Se pasó de expresiones anteriores, como «oponerse a la independencia de Taiwán», a prometer explícitamente que «Pekín reprimiría con contundencia» a las fuerzas separatistas orientadas a la “independencia de Taiwán” y se mantendría «inquebrantable en su oposición a cualquier forma de injerencia externa» (South China Morning Post, 2026). Esto refleja la opinión actual de Pekín, que considera que el presidente de Taiwán, William Lai Ching-te, y su Partido Democrático Progresista (PDP) promueven el separatismo.
En relación con la actividad militar y la presión ejercida por China sobre Taiwán, Pekín ha mantenido incursiones casi diarias de sus fuerzas aéreas y navales en la zona de identificación de defensa aérea (ADIZ, por sus siglas en inglés) de Taiwán y en las aguas circundantes. Sin embargo, mientras el mundo se centraba en la guerra en el Medio Oriente, una repentina e inusual pausa de unas dos semanas en los vuelos chinos avivó la incertidumbre sobre lo que planeaba Pekín (The Wall Street Journal, 2026). Pero la pausa duró poco. Los días 14 y 15 de marzo de 2026 se registró un aumento significativo de la actividad, según informó el Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán (Ministry of National Defense, Taiwan, 2026), al detectar veintiséis aeronaves militares chinas y siete buques de guerra operando en las inmediaciones de la isla durante un periodo de 24 horas (Reuters, 2026).
En abril, la actividad aérea se mantuvo en niveles relativamente bajos, aunque por encima de los registrados en marzo, entre 169 y 229 incursiones en la ADIZ. En contraste, la presencia naval y de guardacostas fue más notoria. La Guardia Costera China (GCC) llevó a cabo múltiples incursiones en las cercanías de Kinmen (21, 24 y 28 de abril) y en torno a las islas Pratas, mientras que la Armada del EPL desplegó buques en las proximidades de las islas Penghu (ISW, 2026). Asimismo, Taiwán manifestó preocupación por la posible inserción clandestina de personal a bordo de pequeñas embarcaciones en el marco de los ejercicios militares chinos (AEI, 2026).
Por su parte, Taiwán intensificó sus preparativos ante eventuales bloqueos —tomando como referencia las lecciones de la crisis en el estrecho de Ormuz— mediante ejercicios de escolta de buques energéticos y el fortalecimiento de sus capacidades de detección de embarcaciones pequeñas. No obstante, su presupuesto de defensa especial ha seguido estancado debido a divisiones políticas internas (AEI, 2026).
[1] Oficialmente llamada «República Popular China» (RPC).
[2] Oficialmente llamada «República de China».
[3] Las reuniones de la «Asamblea Popular Nacional» y de la «Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino».
Figura N°1 Zonas en las que se ha informado de infiltraciones de la RPC en Taiwán a fecha de 13 de abril de 2026 Nota:AEI (2026).
Por otro lado, el presupuesto de defensa de China para 2026 aumentó cerca del 7%, alcanzando unos 277.000 millones de dólares (South China Morning Post, 2026), aunque diversas fuentes sostienen que el gasto real podría ser mayor que el declarado (Defense News, 2026). En cualquier caso, este incremento respalda la modernización del EPL ante una posible contingencia en Taiwán.
A su vez, un informe del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional (CISS, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Tsinghua, en Pekín, señala que las tensiones en el estrecho de Taiwán son la principal preocupación de seguridad exterior de Pekín, impulsadas por la incertidumbre política generada en torno a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, la mayor implicación de Japón y las acciones de Taiwán percibidas como favorables a la independencia (South China Morning Post, 2026).
Figura N°2 Actividades del EPL en las proximidades de Taiwán el 15 de marzo de 2026 Nota: Ministry of National Defense, Taiwan (2026).
En Taiwán, la opinión pública se mantiene firme. En este sentido, encuestas realizadas en la isla y publicadas el 13 de marzo revelan un marcado sentimiento proestadounidense y una mayoría de la población dispuesta a oponerse a Pekín (Vision Times, 2026). De hecho, casi el 60% de los taiwaneses resistiría una invasión china incluso sin la ayuda de Estados Unidos (Infobae, 2026). Por el lado chino, diversos estudios de opinión apuntan en una dirección complementaria: la opinión pública mantiene actitudes favorables hacia Taiwán y manifiesta una preferencia por vías no militares (Taipei Times, 2026). En conjunto, los resultados obtenidos en ambas orillas del estrecho son consistentes con las impresiones recabadas en distintos años por el autor de este Observatorio durante sus estancias profesionales en Pekín, Shanghái y Taipéi.
Figura N°3 La inauguración del Foro Yushan en Taipéi Nota:Focus Taiwan (2026).
La disputa también se desarrolla en el plano diplomático, con China intensificando sus esfuerzos para aislar a Taiwán —incluida la presión sobre Paraguay— (Reuters, 2026). Por su parte, Taiwán sigue buscando fortalecer su reconocimiento global. En este contexto, el 16 de marzo, el presidente Lai participó en el «Foro Yushan», donde destacó el papel de Taiwán en la resiliencia, la innovación tecnológica y la promoción de valores en la región del Indo-Pacífico (Focus Taiwan, 2026).
En abril, también en el ámbito político-diplomático, destacó la visita a Pekín de la presidenta del partido de oposición Kuomintang, Cheng Li-wun. Durante su encuentro con Xi Jinping, se acordó reanudar algunos vínculos previamente suspendidos —como los vuelos directos entre Taiwán y China continental y ciertas importaciones agrícolas— y explorar la creación de un mecanismo de comunicación entre partidos políticos. Asimismo, China presentó un plan de diez puntos orientado a profundizar la integración económica, con especial énfasis en las islas periféricas taiwanesas de Kinmen y Matsu, ubicadas a pocos kilómetros de la costa china[1] (AEI, 2026).
Análisis estratégico
Basándose en la opinión de que el aparato militar estadounidense está erosionado y concentrado en el conflicto del Medio Oriente, diversos expertos —como el profesor Tsang, del SOAS University of London— sostienen que es «posible» que Xi Jinping considere atacar Taiwán, debido a que podría estimar improbable la aparición futura de una oportunidad más propicia para actuar sobre la isla democrática, cuya «reunificación» ha calificado como «la gran tendencia de la historia» (The New York Times, 2019). En este marco, existe la preocupación de que el enfoque transaccional de Trump y su adhesión a la doctrina de «la fuerza hace la razón» —tanto en sus propias acciones como en su ambivalencia respecto a las acciones rusas en Ucrania— puedan ser interpretados por Xi como una señal implícita de aprobación de un ataque a Taiwán (Time, 2026).
Sin embargo, para otros analistas, la crisis en Irán ha llevado a interpretaciones erróneas que vinculan la supuesta inacción de China en el Medio Oriente con una posible oportunidad de atacar Taiwán, lo cual evidenciaría una comprensión superficial del enfoque estratégico de Pekín (Asia Times, 2026). Así, desde la perspectiva del «posible» ataque a Taiwán, Estados Unidos tendería a subestimar la centralidad de la reunificación para China y, al mismo tiempo, a sobreestimar su disposición a recurrir al uso de la fuerza. En contraste, según esos otros analistas, China prioriza la reunificación pacífica y concibe la fuerza únicamente como un último recurso, en línea con la máxima de Sun Tzu: «El arte supremo de la guerra consiste en someter al enemigo sin luchar» (Sun-Tzu, 2000).
Dado que China considera a Taiwán una provincia rebelde —parte inseparable de su historia e identidad nacional—, su integración se entiende como una cuestión de supervivencia tanto del Estado como del PCCh. En este contexto, Xi Jinping sitúa la reunificación en el núcleo de sus líneas rojas. Por ello, resulta equívoco sostener que China podría actuar, o dejar de actuar, únicamente con el objetivo de distraer a Estados Unidos en otros frentes, ya que, como se ha señalado, la prioridad estratégica de Pekín radica en «la preservación del Estado chino actual» y del «PCCh».
En consecuencia, la narrativa oficial china se articula en torno a la «defensa de la integridad territorial» como una «gran promesa», cuyo incumplimiento —reflejado en la imposibilidad de concretar la reunificación con Taiwán— podría provocar tendencias centrífugas en el país y debilitar la legitimidad política del PCCh.
La divergencia de percepciones entre China y Occidente radica en que, mientras China prioriza la reunificación y valora la minimización del derramamiento de sangre, Estados Unidos tiende prontamente a concebir la fuerza como un instrumento legítimo para alcanzar objetivos estratégicos. En suma, desde ese punto de vista, la estrategia china persigue la reunificación pacífica, aunque mantiene abierta la posibilidad de recurrir a la fuerza si es necesario. No obstante, no se percibe una urgencia inmediata para actuar, ya que tanto la evaluación de la amenaza como las condiciones internas y externas influyen decisivamente en dicha decisión (Wu, 2026).
Otros analistas también se inclinan por la opción de una integración pacífica de Taiwán por parte de China. A pesar de sus avances militares, Pekín enfrenta importantes obstáculos para llevar a cabo una invasión en 2026. Entre ellos destacan las dificultades logísticas, la fortificación de las playas taiwanesas, la limitada experiencia operativa del EPL y las recientes purgas internas, como se ha analizado en un Observatorio anterior de esta casa de estudios (Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile, CEEAG, 2026), lo que reduce la probabilidad de un ataque.
A ello se suma la alta dependencia energética de China y la vulnerabilidad de sus rutas de abastecimiento, pese al suministro ruso, especialmente ante posibles bloqueos en el estrecho de Malaca (Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile, CEEAG, 2026), lo que limitaría su capacidad para sostener un conflicto prolongado. En este contexto, la estrategia china privilegia formas de coerción en la denominada «zona gris», mediante maniobras navales, guerra electrónica y el uso de marcos legales que presentan sus acciones contra Taiwán como asuntos internos.
Una invasión total implicaría costos extremadamente elevados y riesgos tanto internos como externos, que podrían incluir la desestabilización o incluso la caída del régimen. El posible impacto en grandes centros urbanos como Pekín y Shanghái, que en conjunto concentran decenas de millones de habitantes, representa un costo humano y político difícil de asumir. En consecuencia, la prioridad de China radica en evitar un conflicto abierto que comprometa la estabilidad del PCCh y el desempeño de su economía (Lion, 2026).
[1] Las islas taiwanesas de Kinmen y Matsu están muy cerca de la costa continental de China. Kinmen se encuentra a una distancia de entre 2 y 10 km de la ciudad china de Xiamen, según el punto específico desde el que se mida. Matsu, por su parte, está a unos 10 a 20 km de la costa de la provincia china de Fujian.
Conclusión
El análisis del comportamiento reciente de China en el estrecho de Taiwán permite sostener que, en el corto plazo, no se advierte una intención inminente de llevar a cabo una invasión a gran escala, pese al sostenido fortalecimiento de sus capacidades militares y a la creciente presión ejercida sobre la isla. Por el contrario, Pekín parece privilegiar una estrategia gradual, que combina coerción en la «zona gris», presión diplomática e incentivos económicos, con el propósito de avanzar hacia la reunificación sin incurrir en los costos de un conflicto abierto.
En este marco, la postura china se mantiene firme en el plano político y estratégico —al considerar la reunificación un interés vital e irrenunciable—, pero prudente en el ámbito operativo, evitando acciones que puedan derivar en una escalada hacia un enfrentamiento mayor. Por su parte, Estados Unidos continúa desempeñando un papel disuasivo central; sin embargo, la reciente redistribución de recursos hacia otros teatros, como el Medio Oriente, introduce incertidumbre sobre su capacidad de intervención inmediata en el Indo-Pacífico.
La interacción entre ambas potencias configura un escenario de competencia estratégica sostenida, caracterizado por una disuasión mutua frágil y un elevado riesgo de errores de cálculo. Si bien ninguna de las partes parece buscar un conflicto directo, la acumulación de capacidades militares, las demostraciones de fuerza y el endurecimiento de la retórica incrementan la probabilidad de incidentes no intencionales con potencial de escalamiento.
En el ámbito regional, las tensiones en el estrecho de Taiwán se consolidan como uno de los principales focos de inestabilidad del Indo-Pacífico. Un eventual conflicto —incluso de alcance limitado— tendría profundas repercusiones, como la interrupción de rutas marítimas estratégicas, impactos significativos en las cadenas globales de suministro —especialmente en el sector tecnológico de los chips de alta gama— y una posible reconfiguración de alianzas y equilibrios de poder. Asimismo, actores regionales como Japón y otros socios de Estados Unidos podrían verse directamente involucrados, lo que ampliaría la magnitud del conflicto.
En definitiva, el escenario más probable en el corto y mediano plazo es la persistencia de una tensión controlada, en la que China continuará incrementando la presión multidimensional sobre Taiwán, mientras que Estados Unidos y sus aliados refuerzan sus capacidades de disuasión. No obstante, la convergencia de factores estructurales —como la centralidad de la reunificación para el liderazgo chino y el compromiso estratégico estadounidense en la región— sugiere que el riesgo de una crisis permanecerá latente, con implicancias relevantes para la estabilidad regional y global.